
Corro, corro con todas las ganas que un niño tiene cuando sabe que podrá jugar hasta que le duela la panza,
Hasta que encuentro los juegos de la placita a la que cada fin de semana voy, no recuerdo bien con quien, pero no puedo dejar de mirar la casita de un costado la cual parece de cuento y me imagino que en cualquier momento saldrá la bruja de Hansel y Gretel y me cocinará. Asustada miro lentamente y repaso cada parte de la casita. En eso, escucho un grito de alegría, miró tras de mi y veo cientos de niños y niñas corriendo y jugando en los resbalines, corro para poder subirme, me siento libre, ansiosa, extasiada... llegó a la escalera, doy el primer gran paso - ¡esto será súper! pienso - Cuando en eso, un niño grande me aparta de la escalera empujándome hacia un lado, caigo y me rodea una rabia increíble, voy y nuevamente intento subir, pero llega otro niño de los mismos grandes y me vuelve a empujar al suelo, esta vez gritando "no te lo prestamos, el resbalin es nuestro club", mas furia siento, el resbalin es de todos, ¿porqué me lo estaban negando? intento levantarme, pero llegan los dos grandotes mas una niña flacucha que me dice, "yo soy la princesa del club, así que ándate de este juego", me quedo parada, mirando sin entender porque ella decía que era una princesa, si la princesa era yo según mi papá y mi mamá, ¿acaso habían dos princesas en el mundo? y si así era, ¿porque no podía ser parte de su club?, si yo también era una princesa...
Corrí hasta que llegué donde la persona que me acompañaba, me hundí en su regazo y lloré toda la rabia que sentía. Seguramente me debe haber dicho algo sobre los columpios porque empezamos a caminar hacia allá, lo que ella no sabía es que a mis 4 años de experiencia nunca me había balanceado en uno porque me dolía la pancita y me daban nauseas de puros nervios, sin embargo me senté con un nudo en la garganta, no sabía si prefería mirar a la supuesta princesa divertirse o estar en este columpio hasta media mareada. De repente escucho decir 1, 2 y 3 y comenzaron a darme vuelo, hundo la cadena en mis manos y un sentimiento de terror me invade, empiezo a imaginar que me caigo, pero no, antes de caerme el columpio se convierte en una silla con alitas, y vuelo, si vuelo alto por sobre las personas que no son mas que perritos, gatitos, conejos y koalas que me quieren y yo los quiero y me miran y alegremente me saludan y yo llevo una corona, porque soy la princesa del columpio volador y los animalitos me quieren porque yo los cuido.
Al final se ve un castillo – debe ser mi castillo, pienso – es lindo, blanco y espacioso, con los altos dorados y muchos ponys de colores, afuera hay muchos kiosquitos donde regalan dulces y paletas a todos los animalitos y niños o niñas que quieran venir a visitarnos, quiero ir a mi castillo, debe ser hermoso por dentro…
De repente despierto y me doy cuenta que estoy en un columpio normal y el aire me golpea suavecito… Es momento de irse.
Cada día volví a soñar algo diferente con mi castillo y civilización de animalitos tiernos, me encantaba cada día más mi columpio volador, no recuerdo cuando deje de ir a la plaza, no recuerdo cuando deje de imaginar, solo se que a mis 24 años, cada vez que me columpio, desde lo mas alto, el viento me hace cariño y aunque no fantasee, me traslada en segundos a mi infancia.
16 diciembre 2009
Desde lo alto de mi columpio, el viento me hace cariño
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1 comentarios:
te echo de menos y leo tu bloggeo, pienso ke en mi niñez (ke si ok, sigo vivieondo hasta el dia de hoy ñañaa) el vieno y mi mami me hicieron cariño =)
welve luego pa patear el 2009 luego pooo xP
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